Si estás considerando seriamente tener un sitio web, habrás escuchado de algunos conceptos que probablemente quieras conocer más a profundidad, uno de ellos es el hosting o almacenamiento web que tu sitio necesitará.

Como ya sabes, página web, en resumen, es un sitio en internet publicado por una persona o empresa que ofrece información (datos). Estos datos pueden presentarse en formatos tan variados como texto, sonido, imagen, vídeo, etc. y forman un conjunto de archivos que a su vez conforman el sitio web.

Pero estos archivos se vuelven accesibles a través de la red cuando le das una estructura, es decir, cuando organizas el contenido de tu sitio web mediante un lenguaje virtual de maquetación, para empezar: HTML (HyperText Markup Languaje – Lenguaje de marcado), ahora bien, si quieres personalizar estéticamente ese contenido deberás usar CSS. Y si además quieres que ese contenido sea dinámico y que el usuario pueda interactuar con él, necesitarás lenguajes como ASP, Python, PHP, SQL o JavaScript.

Pero, ¿qué es un hosting y cómo funciona?

El hosting es un servicio de alojamiento para sitios web. Todos los archivos que conforman tu sitio web se almacenarán en un hosting que, en efecto, es un sitio físico en el cual se guardan todos los datos maquetados de tu sitio web. Para entenderlo mejor, todos sabemos que para consultar un archivo en nuestra computadora primero lo debemos guardar en el disco duro o en una USB; de igual manera, el contenido de los sitios web debe estar guardado en algún lado, el servidor es como una computadora mucho más potente que la personal y que está conectada 24/7 a Internet para poder ofrecer siempre el contenido de tu página web a todo el mundo.

Además de manejar su propio sistema operativo, el hosting está diseñado específicamente para procesar esta información y distribuirlo entre los equipos que están conectados a él.  Su principal función radica en soportar grandes cargas de trabajo y estar siempre disponible para que los usuarios accedan a sus recursos, ya sea software, datos, etc. por ello, cuanto mejor sea el servidor que contrates, mejor funcionará tu sitio web.

Por regla general, hay 2 clases de almacenamiento web que puedes contratar, el hosting dedicado y el hosting compartido. La diferencia principal entre uno y otro servicio es que, en uno todos los recursos de la máquina son exclusivamente para tu sitio web mientras que, en el otro compartes los recursos del servidor físico con otros usuarios.

Pero debes considerar (a la hora de hacer cuentas) que el hosting siempre es un servicio alquilado donde abonas una tarifa mensual, trimestral o anual para poder mantenerlo funcionando continuamente. Esto quiere decir que no eres propietario del hardware que utilices para alojar sitios o aplicaciones web.

Aunque la contratación del hosting exclusivo tiene muchas ventajas: permite administrarlo al 100% y disponer completamente de todo su ancho de banda, además de poder escalarlo inmediatamente bajo demanda; también puedes elegir la máquina y el sistema operativo del mismo, lo que implica que tendrás el control total de los procesos que se ejecutan en la máquina; su costo se verá elevado en la parte de implementación, actualización y securización (dotar al servidor de un blindado de seguridad o protección informática), al mismo tiempo de que requiere de altos conocimientos técnicos para su administración.

Por ello, contratar un alojamiento web en un servidor propio requerirá que seas un usuario experimentado con conocimientos suficientes puesto que no dispondrás de soporte técnico ya que, generalmente deberás contratarlo por separado. Requerirá de compras de software, licencias y de las actualizaciones de software y hardware. Además de que deberás saber sobre seguridad (hardening) de servidores ya que esta correrá por tu cuenta.

También debes recordar que no es lo mismo hosting que dominio. El dominio es un nombre único, compuesto por un nombre y una extensión (.com .org) que sirve para identificar una web en Internet y que cualquier usuario pueda visitarla. Aunque trabajan en conjunto para que un sitio web esté disponible en Internet las 24 horas del día, ambos deben ser renovados de manera individual.

Piensa en el dominio como la dirección con la que el cliente llegará a tu local virtual. Para que un navegador pueda mostrar el contenido que el usuario solicita, necesita conocer la dirección IP (Internet Protocol) de ese sitio web, es decir, saber en qué servidor web se encuentra la información. El dominio nos ayuda a no tener que escribir la dirección IP (tipo 103.24.25.23) en el navegador, ya que además de que sería difícil de recordar, en muchos casos, en un mismo servidor pueden alojarse varias páginas web.

Para terminar, si no sabes un poco de informática puede resultarte difícil solucionar los problemas que pueda provocar el servidor, por ello sería una buena idea contratar a un proveedor que tenga muy buena atención al cliente y te permita una pronta comunicación con ellos. Es decir, asegúrate de no elegir basándote en la economía sino en la mejor asesoría.

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